Literary Classics

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Posted On February 7, 2017 at 8:34 pm by / Comments Off on Download E-books Los niños (Clásica) PDF

Martin Boyne, «un individuo crítico y cauto de cuarenta y seis años a quien dificilmente alguien asociaba con sucesos románticos e inesperados», ha decidido poner fin a su vida nómada de ingeniero y compartir l. a. madurez al lado de Rose Sellars, l. a. mujer de los angeles que se enamoró en su juventud y que ahora es una respetable viuda instalada en Europa. En el barco que debe conducirlo a ella, Boyne se encuentra con los hijos de unos viejos amigos, los Wheater: una animada prole de siete niños, desde un recién nacido a una muchacha de casi dieciséis años de edad, producto de distintos matrimonios... y distintos divorcios. De crucero en crucero, de lodge Palace en resort Palace, de Argel a Venecia y de allí a Cortina, esta tropa ha jurado, bajo el liderazgo de Judith, l. a. hija mayor, encontrar «un hogar cálido y estable» y permanecer unida pese a los ocasionales caprichos de sus distintos padres (dos ociosos millonarios, un príncipe italiano, una estrella de cine) de separarlos. Boyne cae subyugado por el ímpetu de Judith y casi sin querer se encuentra tutelando sus tremendos planes; de pronto l. a. madurez se le aparece como «la escalofriante mediocridad de los angeles vejez» y los angeles mujer con l. a. que esperaba casarse, una ominosa figura que no encaja en este inopinado idilio. Los niños pertenece al ciclo ultimate de las novelas de Edith Wharton: tenía casi setenta años cuando los angeles publicó en 1928. Fue uno de sus mayores most sensible dealers y una de sus obras maestras.

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Hola! ¡Por aquí! ¡Aquí estoy! –exclamó Judith, indicando alegremente a l. a. pareja; y l. a. señora Sellars, que estaba junto a ella, acodada en los angeles barandilla, proclamó al instante: –Aquí llega alguien demasiado lindo para no ser el famoso Chip. Sí; había sido inteligente por parte de Judith disponer que Chipstone llegara en ese momento. Para una mujer que no ha tenido hijos, los angeles visión de aquel manojo de salud y alegría debía ser como una estocada y un bálsamo al mismo tiempo. Los ojos de l. a. señora Sellars se cruzaron con los de Boyne, sonrientes, temblorosos, y éste le devolvió l. a. mirada con una señal: «¡A tía Julia, que los angeles zurzan! ». Chipstone ya había colmado el espacio con su inmutable serenidad. Habían vuelto a los angeles salita para hacerle los honores, y el pequeño se sentó, como un Buda, sobre las rodillas de l. a. señora Sellars, riendo de alegría al ver a Judy, Martin y Nanny que lo admiraban en grupo. Todo cuanto a Chip se le cruzaba en el camino parecía transformarse en leche fresca y burbujeante. –Chip no está nada mal –dijo Judith, con cariñoso menosprecio–. Pero espere a ver a Terry... –Terry no ha podido venir; pero los demás sí –anunció una aguda vocecilla desde l. a. puerta. –¡Por todos los Santos! ¡Pero si es Zinnie! –exclamó Judith, poniéndose en pie de un salto, movida por un arrebato de indignación; pero antes de que pudiera llegar a l. a. puerta ésta ya se había abierto y por ella aparecía su pequeña hermanastra, tan dueña de sí misma como siempre, acompañada de Bun y Beechy, cuyas cabezas asomaban tras los angeles ardiente mata de pelo rojo de Zinnie. –¡No ha sido cosa mía! Susan me juró que no les quitaría l. a. vista de encima –exclamó Nanny, palideciendo ante l. a. furibunda mirada de Judith. –Y lo hizo –observó Zinnie serenamente–. Nos ha perseguido todo el camino, pero nosotros corríamos más, porque le hace daño un zapato, y al ultimate se cansó de perseguirnos. ¿Verdad? –se volvió a los «hermanastros» en busca de corroboración. Pero Bun ya había pasado a primer plano con una magistral voltereta: estaba cabeza abajo, con las piernas desnudas y las suelas de las sandalias al aire, mientras Beechy corría hacia los angeles señora Sellars y abrazaba apasionadamente a Chipstone. –¡Ay, mi Chipito! Creíamos que te habíamos perdido y habías muerto –lloriqueó alegremente. Y el bebé recibió el panegírico con una sonrisa de halago. –Sí, y Judith no debería haberse escapado, dejándonos así, sin decirnos que venía aquí, y con los angeles orden de que sólo Chip viniera a verla, porque él es el más pequeño de todos. ¿A que no? –se dirigió Zinnie, indignada, a los angeles señora Sellars, quien respondió que evidentemente no estaba bien, pero que l. a. culpa period suya por vivir en una casita tan pequeña y no poder invitarlos a todos a almorzar, pues no había sitio en el comedor. –Supongo –concluyó l. a. señora Sellars diplomáticamenteque se eligió a Chipstone como representante porque es el que ocupa menos espacio. –No es verdad. Yo también –gritó Bun, dándose los angeles vuelta rápidamente y mirando a l. a. señora Sellars con actitud desafiante–. Yo sé pasar por un aro y sé...

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